
Acordemos desde el principio que el Cliente es el jefe. Aunque muchos aspectos de nuestro trabajo no requieren de una autoridad de tipo jefatura, una vez que nuestra propuesta se plantee y se discuta, si aún no obtenemos un consenso, los dos acordaremos que la parte que financia el trabajo tiene la última palabra.

El Diseñador no es un decorador, tiene tantas habilidades de marketing como de percepción. Acordemos establecer una relación de colaboración no dictatorial. El Cliente entiende mejor los conceptos subyacentes, productos y servicios asociados con su organización y el Diseñador tiene siempre una visión exterior, fresca y única que vale la pena compartir.

Si hay más de una persona representando al Cliente, acordemos desde el inicio cuál miembro del equipo tiene la autoridad de tomar la última decisión. Particularmente en las áreas de estilo y tono, dar a más de una persona poder de veto puede fácilmente arruinar un gran trabajo.

Conozcamos a nuestro Cliente o Prospecto desde la perspectiva de sus necesidades y la forma en que podemos resolverlas mejorando su vida. Aprovechemos la ventaja de que el Diseñador, quien usualmente no está preparado en el área de experiencia del Cliente, tiene un punto de vista no viciado sobre la situación.

Enfoquémonos en las metas, acciones, su ejecución y resultados. La forma sin una función no es diseño. El Cliente contrata al diseñador para hacer que algo suceda. Convirtamos eso en algo más específico. Empecemos por trabajar juntos para determinar qué espera el Cliente que suceda. Antes de escribir la primer palabra o elaborar el primer bosquejo definamos esas metas con tanto detalle como sea posible y en una forma que nos permita reconocer cuando alcanzamos cada objetivo.

Tengamos en mente que no todo es para todos. Algunos compran un automóvil por su estilo, potencia o excelencia técnica, otros se centran en confiabilidad y costo. Acordemos producir material de acuerdo a la sensibilidad de la audiencia y mantengámonos abiertos a la posibilidad de que la solución con mayor potencial puede no ser la que nos guste más en lo personal.

Es responsabilidad del Cliente establecer metas, proveer información, revisar y aprobar o rechazar conceptos y bosquejos. Es labor del diseñador traducir la información y las metas en imágenes y palabras.
La casi obsesión por el detalle y el matiz lleva a grandes trabajos. Bien hecho, un volante, un sitio web, un catálogo, si es cuidadosamente estructurado, cambiar un solo elemento significativo puede impactar drásticamente al todo.
Más que dictar cambios específicos a un diseño "mueve esto para acá", "cambia el color a...", acordemos que el Cliente solicitará variaciones del original orientados a resolver problemas específicos.
Dirijamos al Cliente a que señale áreas del diseño que él piense que son inconsistentes con la sensibilidad de la audiencia pero acordemos que ninguno de los dos hará el trabajo del otro.

Enfoquémonos en "qué" no "quién" y acordemos que complacer no es nuestro trabajo primario. Ciertamente procuraremos complacer al Cliente cuando esto se encamine a alcanzar las metas propuestas. ¿Nuestro trabajo pasará el escrutinio de otro cliente u otro diseñador? esa es la verdadera prueba.

Es difícil saber qué elementos o datos son sensitivos. Por eso acordemos que toda la información que compartamos y el contenido de nuestra comunicación permanecerá confidencial. Si una de las partes desea compartir información con un tercero discutirán el asunto con su contraparte antes de hacerlo.

No hagamos cambios por hacerlos. Estaremos inmersos en nuestro trabajo y lo revisaremos una y otra vez. Mantengamos en mente que la audiencia sólo ocasionalmente ve lo mismo que nosotros. Acordemos no hacer cambios hasta haber identificado una razón real para hacerlo y hagamos lo necesario para que ese cambio signifique un beneficio.

Las verdaderas recompensas son resultado de ideas, productos y servicios que hacen del mundo un mejor lugar. Acordemos mantener el más alto estándar ético conservando la honestidad, claridad y estilo.

Confiemos. Estamos haciendo equipo porque hay cosas que el Cliente sabe mejor que el Diseñador y viceversa. Cuando no hay una razón obligada para tomar un camino particular concedamos la decisión a la persona con mayor experiencia.

Acordemos cómo mediaremos las disputas. Cada relación entre personas, especialmente aquellas en las que se entabla mucha comunicación con muchos detalles, sufrirá inevitablemente problemas. Acordemos ventilar los asuntos abiertamente y dejar espacio mutuo para corregir equivocaciones. Si surge alguna inconformidad concedamos el discutirlo primero entre las partes y, si es necesario, escoger entre ambos un mediador.

Dado que el Cliente tiene el poder de la decisión final, acordemos que es el Cliente quien acepta la última responsabilidad por el contenido. Es el trabajo del Diseñador, Escritor y Corrector de pruebas producir material que sea tan profesionalmente preciso, sin embargo es responsabilidad exclusiva del cliente aprobar todos los aspectos concernientes al trabajo final que es publicado.

Un Cliente que dedica recursos, tiempo y dinero educando a un diseñador sobre su industria, audiencia y organización, merece lealtad. Un Diseñador que invierte los mismos recursos, tiempo y dinero en aprender, merece la misma lealtad. Definamos provisionalmente la lealtad como honestidad y sinceridad mutua, no expresarse pobremente de la contraparte y no trabajar con sus competidores directos.